martes 30 de junio de 2009

Noticias que entristecen


Antes de empezar a escribir lo que sigue, quiero hacer una aclaración; yo no soy ni quiero ser una persona ni social ni políticamente activa, tengo mis razones. Para empezar siempre detesté la política porque es algo que pretende incluirnos a todos dejándonos en la realidad afuera del marco, y lo social porque no me llevo bien con esos rubros. A mi no me vas a ver nunca en una marcha pública, en alguna convención de derechos humanos, ni nada parecido, simplemente porque sé que hay personas que lo harían mejor que yo, que tienen vocación y voluntad para esos asuntos. Entonces, ni social, ni políticamente activa, lo que no quiere decir que no me preocupe por esos temas, o que no tenga conciencia de las cosas que pasan a mi alrededor. Por mucho que me encantaría ser un ermitaño y vivir en una cueva en las infinidades del mundo, soy realista y sé que en este siglo mi sueño utópico de soledad contínua e ininterrumpible, no es nada más que eso: un sueño.
Aclarada mi posición en este útero que es el mundo quiero pasar a expresar mi tristeza. Como todos -o casi todos- los días, hoy no pudo faltar mi pispeada diaria al diario (valga la redundancia). Ya no sé ni porque me empeño en mirar las noticias, robos, mentiras, préstamo del BID para Argentina de 850 millones de dólares (supuesta inversión y mejora de la calidad de vida de los ciudadanos...supuestos programas de ayuda a la pobreza y a la inestabilidad social...supuestos y más supuestos que hay que ver para creer)...y Moria Casán que se va a hacer una larinoscopía para demostrarle al mundo (porque el mundo está muuuuuy interesado en las peripecias de la diva que ya pasó de moda) que ella no consume drogas. Entre otros temas, el arrepentimiento del infante que acusó a Michael Jackson de pedofilía hace como 15 años, la nueva canción de shakira, un pobre kiosko en Alta Córdoba al que le robaron dos veces en el transcurso de 40 minutos. Pero vamos por partes, quiero puntualizar un par de cosas antes de llegar al núcleo de mi tristeza:
Cosas de las que me percaté con el diario de hoy:
-Los famosos tienen que hacerse una larinoscopía o morirse para ser portada en los diarios, a pesar de haber desaparecido de la faz de los medios hace mucho tiempo. Y estoy harta de la muerte de Michael Jackson, harta, podrida, enferma. Y no es que no respete a los muertos, al contrario, hasta podría haberle hecho un homenaje acá en mi blog, porque en sus buenas épocas me entretenían sus canciones y sus bailes, y de verdad creo que marcó una época. ¿Pero tiene que estar en todos lados? y que me dicen de Benedetti, porqué nadie homenajeó a Benedetti cuando se murió. Me enoja, mucho.
-Shakira era una de mis cantantes favoritas hace unos años, realmente consideraba que tenía una de las voces más bonitas y uno de los más suspicaces ingenios para la creación de sus letras ¿Tenía que comercializarse de la forma en que lo hizo? -a juzgar por el último sencillo que escuché y que pueden escuchar acá-. Yo digo, es una canción que se ajusta a todos los parámetros de la música basura que repiten en toooooooodas las radios -excepto por Petinatto que a las 6 de la mañana me pasa a los beatles- en toooodos los boliches, en tooooodos lados, y que te persigue con el mismo ritmo, con la misma letra vacía, algo parecido al reggeaton. Un desastre, una decepción, se me cayó un ídolo.
En fin. De ahí parte de mi tristeza. La otra parte procede de lo siguiente.
Respecto a la noticia del flaquito al que le robaron dos veces en 40 minutos, paso a la seguridad del país, que últimamente escasea, eso no es secreto para nadie. Pero después de leer la noticia, bajé a los comentarios del pueblo. Uno reclamaba que la solución a los problemas era la pena de muerte, otro que tendrían que cortarle la mano a quien robe y si reincide le tendrían que cortar la otra, otro tipo dijo que había que reformar el sistema penal e incluir penas más severas, y todos comentarios de ese estilo. Yo me pregunto ¿en qué momento nos metimos todos en una máquina del tiempo y volvimos al siglo de las gallinas, a condenar a la horca o a la guillotina al que se robó un pedazo de pan? Es lamentable. Y ojo, no es que quiera justificar al ladrón o al delincuente, evidentemente la estructura de la sociedad tiene mucho que ver en todo este tema, pero más allá de ser un delincuente es también un ser humano, un ser humano enfermo en una sociedad enferma; a mi me parece que la solución no está en cortarle la cabeza al buen estilo Alicia en el país de las maravillas o en cortarles la mano. La justicia no es un ojo por ojo y diente por diente. La justicia creo yo, es tomar a ese delincuente y reformarlo, darle la rehabilitación que su parte enferma merece. El pueblo, en su ignorancia, pide que se aísle a ese producto enfermo de la sociedad para que no la contamine, y finalmente lo envían a instituciones que no están equipadas para tratarlo, que lo hacen un ser más asocial de lo que ya es, y que, por el contrario, hacen que el sujeto se enferme más, son los llamados efectos de la prisionalización, al final, cuando sale de la cárcel, vuelve a lo mismo, porque en ningún momento nadie se detuvo a ampliar sus horizontes como ser humano, a darle otras oportunidades. No hay que olvidarse que cualquiera de nosotros, CUALQUIERA, puede caer en la delincuencia si se encuentra en las circunstancias que lo empujen a ello. No sé, me dio mucha pena ver que en vez de avanzar vamos para atrás y repito que no se trata de justificar la delincuencia, sino más bien en aceptar que hay otros medios para hacer que merme, hay otras instancias más allá de la cárcel como se conoce -ya sea por el cine o por los medios de comunicación- como la cárcel abierta. En fin, creo yo que podría hablar mil horas de este tema, pero me sorprendió mucho haber leído esos comentarios, de verdad me imaginé en el medio de la plaza del pueblo con un montón de gente a mi alrededor poniéndose contenta porque en escasos minutos van a soltar la rampilla en la plataforma, uno se va a morir ahorcado y se va a hacer "justicia".


Estamos como estamos. No se diga más.

jueves 25 de junio de 2009

¡Cómo queman los años!

En 1997 me subía a un avión, mi primer avión; más adelante me fui dando cuenta de a poco que todos los destinos de todos los aviones que iban a llegar después en mi vida serían inciertos, pero nunca como el primero, era una emoción absoluta. Yo y mi papá sentados en un avión. Mi papá tranquilito como un mueble, yo muerta de ansiedad, queriendo comerme la mesita esa que viene en el asiento de adelante. Y después el despegue que casi se lleva mi estómago a una provincia vecina. Y entre medio, unas lágrimas que no vio nadie, lloraba porque las ruedas que acababan de despegar del suelo también me despegaron de un montón de almitas que recién hace poco recuperé. Pero no todo era tan trágico, estaba por encima de las nubes y para una niña de 12 años es quizás lo más lejos que se puede llegar. Entonces caía en la cuenta de la infinidad de veces que dije “Te quiero hasta el cielo” o “Más allá del cielo”; estaba en el lugar exacto hasta donde había querido a mucha gente aún cuando no estaban ahí.
En 1998 logré captar un poco de aquello que se llama la crueldad del ser humano, esa esencia maldita que reside dentro de todos nosotros; de verdad que yo no tenía ningún interés en conocerla, sin embargo mi mejor amiga del colegio me la presentó. Y la primera traición significativa en la vida de una persona por lo general involucra un casi novio que se va lejos con una decepcionante mejor amiga; y una los observa sentadita en un banco, en el banco de la miseria, preguntándose qué clase de maremoto le acaba de pasar por encima. Pero la práctica hizo a la maestra, un poco después ya surfeaba en las olas de ese talante, pero aquella ola plurimétrica me dejó comiendo arena en las orillas y no pude hacer nada más que querer enterrar la cabeza en el país de los cangrejos y rogar que algún milagro me hiciera andar para atrás.
En 1999 me emocionaba que el año tuviera tres números iguales. En el colegio todo el mundo escribía la fecha en resumidas cuentas 10/08/99, yo no, yo tenía que escribir el año completo, pero creo que en sí distó mucho de ser completo. Me volví a mudar y perdí la cuenta -o dejé de contar que no es lo mismo-. Conocí gente nueva. Tuve dos diarios compartidos con amigas que eran casi como mis hermanas. Engordé incontables kilos y a pesar de eso era muy feliz. Pero conocí el amor -el real- y nunca fue correspondido. Entonces andaba por el mundo como si me faltara un zapato o como si lo llevara al revés. La gente no entendía mi repentino amor por aquel morocho divino que yo perseguía por todos lados. Mi mamá no entendía porqué yo vivía en la enfermería del colegio y volvía a casa temprano con esa excusa, hoy mi mamá puede saber que mi morocho divino hacía servicio en la enfermería en la hora justa en la que yo me enfermaba, el corazón me latía más, más, más rápido y yo creía que me lo iban a tener que extirpar antes de que alguien se diera cuenta. Era mi visita religiosa a la enfermería, él me sonreía y yo sentía que salía el sol hasta en los días más nublados. El doctor me daba un té, entonces llamaban a casa y yo me iba a pasar el día jugando en la computadora. En esa época también entendí que los médicos no saben diferenciar a un enfermo común y corriente de un enfermo de amor.
En el 2000 todos hablaban del nuevo milenio y yo me sentía muy pequeña. Al mismo tiempo crecía y me rendía frente a muros incontables. En aquellos tiempos me costaba más levantarme del piso, quizás porque me quebraba en partes más diminutas y nunca tuve rapidez para los rompecabezas. Pero me levantaba, aunque tuviera que morirme en el intento. Es curioso como los adolescentes sufren en silencio, quizás para el resto del mundo yo era una chiquilla adorable y alegre, y aún así sufría, por idioteces, pero el sufrimiento no se mide por la importancia de su razón si no por el desmorone de la integridad. De nuevo me mudé y esa vez no me costó tanto, uno se va acostumbrando a las circunstancias de la vida. Mis días fueron estables por tres años. En el 2001, 2002 y 2003, pude cultivar amigos, amigos que hoy crecen, a quienes me gusta ver crecer. Con ellos conocí la noche, claro que tuve que esperar a pasar otra etapa más importante, que es la de la comprensión materna y paterna. Entender a mi papá y a mi mamá era un código. Si quería salir le preguntaba a mamá, mamá me decía que le preguntara a papá “No sé, preguntale a tu padre”. Y yo iba a padre. Y padre decía “Qué dijo tu madre”. Y yo “Que te pregunte a vos”. Yo era –redundantemente- un yo-yo o una paloma mensajera, todavía no me decido. Luego de tantos ires y venires, madre y padre seguían sin ponerse de acuerdo y muchas veces me quedaba sin salir. Muchas otras el desacuerdo votaba a mi favor, se declaraba empate y a último momento los obligaba a que me llevaran al lugar de encuentro con mis amigos; uno nunca dice que no a las cosas de último momento que se plantean como un imperativo, “me tienen que llevar”. Listo punto, no hay más discusión, se agarra una honda y se le tira con piedritas a la paloma mensajera, se le corta el piolín al yo-yo. Así fue como entendí el código. Las siguientes salidas no pedía permiso, simplemente salía. En el transcurso del 2001, 2002 y 2003 aprendí lo que era la libertad. También sonreí, me emborraché, amé la amistad, me equivoqué, me enojé, me peleé con la amistad para reconciliarme al instante, escribí muchas cartas en papel, me escribieron muchas cartas, nunca me drogué porque las drogas me resultaban un abuso innecesario, estudié hasta las cuatro de la mañana, sosteniéndome los párpados a base de coca cola, café, nicotina y red bull. Lloré por no aprobar química, física y matemática aunque después las aprobé sin problemas, lloré en el desayuno de despedida del colegio, lloré en la graduación, lloré en mi despedida. Me gradué y me volví a mudar, y de nuevo lloré porque todos los adioses llevan lágrimas colgando de su punto.
En el 2004 como cualquier otro nómada, me paré en una encrucijada y no supe hacia dónde ir. El camino después del colegio tiene demasiados matices. Y tomé la senda más segura, la que venía planeando desde hace rato. Empecé a estudiar lo que siempre quise y me decepcioné al comienzo. Entonces empecé a estudiar otra cosa y no me gustó la universidad. De ahí opté por un curso mientras decidía qué hacía con mi vida, y seguí explorando la noche, porque entre tanta oscuridad uno nunca sabe lo que puede perderse. Salí de lunes a lunes y de lunas a soles. En mi curso saqué muchos diez y salí abanderada. Al año recibí mi título.
En el 2005 decidí que quería escuchar los problemas de los demás, porque al parecer con los míos no me era suficiente y opté por psicología. No me tenía confianza y de verdad pensé que la iba a dejar al año pero seguí. Buenas notas en primer año.
En el 2006 empecé a ir la psicóloga y andaba con una onda muy bohemia. Anduve noviando y cortamos al poco tiempo. Me volví a enamorar de la persona incorrecta lo cual implicó ciertas pataditas a la moral. Seguí con la carrera, y todo mi amor abandonado lo canalicé a los estudios, tenía buenas notas. En ese mismo año obtuve mi computadora y de ahí se me abrieron tantos mundos que sería difícil explicarlos; encontré música que no conoce nadie, cultivé una profunda adoración por el cine, un inmenso placer psicológico por los libros y por los pequeños detalles, me contacté conmigo misma y empecé a escribir. La poesía se volvió mi oasis de transición; la prosa, mi meta más complicada.
Pasé a tercer año y no tenía vida, la universidad demandaba demasiado tiempo, pero tuve la suerte de tener un grupo constante de compañeras que hoy son mis soles, y eso me ayudó a salir adelante. A fines del 2007 me fui un mes a Europa. Me enamoré de Francia. Empecé a estudiar francés al año siguiente y en mí se empezaron a ordenar las cosas. “Yo me quiero ir” desde entonces es mi frase favorita.
Pasó el 2008 sigiloso, con la tranquilidad con que pasa el oxígeno hacia los pulmones. Me fui a mi casa y volví. Me encontré sola y me gusté sola. Mi perro considera que tengo un ataque de crisis anticipada de los 25 porque me mira con sus ojitos de cristal como queriendo darme consuelo. Hace seis años vivo en la misma casa que se va reduciendo de a poquito, hace tres años que ya no quiero vivir en esta provincia, hace tres años que vengo diciendo que ya sólo van quedando los últimos esfuerzos. Y acá estamos.
El 2009 no ha tenido eventos importantes hasta ahora, ya puedo decir más de tres frases en francés y a su vez voy restándome materias como si de ello dependiera el mundo. Y en cierta forma de eso depende mi mundo.
De todos los descubrimientos de esta recta llamada vida, puedo afirmar que la novedad es la que más me inquieta. Es que al ser humano le da pánico la incertidumbre y las cosas que no se pueden medir y controlar a ciencia cierta. Yo puedo admitir que hoy tengo miedo al futuro y tal vez un poco al olvido de todo aquel pasado que me trajo hasta acá, todos esos detalles felices, tristes y vergonzosos que me fueron modelando para que el día de mañana, cuando tenga que dar un paso firme, no dude en el intento.
PD: Amo esta canción, Ottoman by Vampire Weekend, la conocí en una de las últimas películas que vi Nick and Norah's infinite playlist. Excelente soundtrack, la película normal.

domingo 21 de junio de 2009

El paraíso a dos cuadras de mi casa

Antes que nada quiero desearle un muy feliz día del padre a todos los padres que ronden el mundo. El mío se lo merece, porque ha sido el papá perfecto. Te quiero Pa! Feliz día!
En otros temas, quiero expresar que nunca me gustó la feria de artesanías que está a una cuadra de mi casa. Demasiada gente. Caminos demasiado estrechos. Procesión interminable a paso de tortuga con constantes interrupciones por alguna vieja tarada que no se hace a un lado para husmear en un puesto y detiene a toda la fila que viene procesando atrás. Las mismas artesanías todos los fines de semana. Puestos que no tienen razón de existencia y que, a mi suposición, no venden nada, nunca. Esas son las razones por las que no me gusta la feria. Por otro lado tiene sus cosas positivas. Siempre hay alguien tocando música en alguna parte. Encontrás cafecitos en los que podés sentarte un rato -aunque en los seis años que llevo acá nunca me senté, pero están ahí y le suman puntos-. Siempre hay algún gilún que está regalando gatitos y los gatitos suman ternura. Huele a garrapiñada, a pochoclo, a panes y tortas caseras, y a sahumerios de todos los tipos, por lo que uno se siente como en casa de la abuela, y la casa de la abuela siempre suma puntos. La mayoría de las veces te encontrás a alguien conocido a quien no veías hace mucho tiempo. Es muy pintoresca y cada vez se expande más, antes tenía sólo dos cuadras, ahora tiene un poco más de tres. En fin, hacía mucho tiempo que no iba, porque los contras siempre pesaron más en mis decisiones que los pros. Pero hoy fui, no porque estuviera aburrida, ni porque no tuviera otras cosas que hacer. De hecho, antes de salir para la feria estaba limpiando, porque ayer y hoy eran tardes de Beatles y limpieza. Para no hacer la historia larga: el Sábado cuando volvía de mi clase de francés, decidí ir con mis compañeros a la feria de frutas y verduras (que está en el mismo lugar que la de artesanías sólo que los sábados a la mañana); y por casualidad encontramos un sucucho que vendía libros. Libros viejos. Libros medio nuevos. Libros en español, en inglés y en francés. Libros inconseguibles e inconcebibles. El paraíso a dos cuadras de mi casa. El sábado no iba con mucho tiempo, así que decidí volver hoy. Después de dar unas vueltas en la feria me interné en el sucucho y me traje dos libros, y yo, y mi amor por ellos, estoy tan feliz.

Uno de ellos es Pilote de Guerre de Antoine de Saint-Exupéry. El papá del principito.
El otro es Portrait de l'artiste au nez rouge de Philippe Léotard.

Los dos en francés, como podrán ver. Aún no les entiendo mucho, pero a fin de año creo que ya los voy a poder leer sin tener que correr al diccionario cada diez palabras. También me compré un hornito para esencias, unas velas violetas y una esencia de violetas que según dicen atrae la alegría y la paz al hogar, y como últimamente he estado muy alegre y pacífica, creo que es bueno seguir atrayendo esas vibras.

Que tengan excelente comienzo de semana.

jueves 18 de junio de 2009

Cosas de las que me percaté hoy

  • Mientras mejor tratás a los vendedores de los diversos locales de los alrededores peor te atienden. "Por favor" "Gracias" "Buen día" y "Hasta luego" son fervientes desencadenantes de una intensa cara de orto, ni te cuento cuando te gastás en regalar una sonrisa. El mundo, definitivamente está patas para arriba.
  • En unos días hay votaciones para diputados -creo- y yo no tengo ni la más remota idea de a quién quiero votar. Sé a quién no quiero votar, pero ni siquiera conozco el partido opositor del partido al que no quiero votar. La política es una mierda, odio la política.
  • Un requisito fundamental para ser profesor universitario es ser muy colgado e irse por las ramas. A una simple pregunta como "Profe, ¿Qué bibliografía entra en el parcial?" La profesora dio una respuesta de una hora, y no nos dio la bibliografía.
  • Empecé yoga y me duelen hasta los músculos que no sabía que existían. Nunca tendría que haber dejado el gimnasio, tengo un pésimo estado físico. El lunes empiezo, posta.
  • Tendemos a evitar los lugares responsables. Estos últimos días he estado el 80% del tiempo fuera de mi casa. Tengo que limpiar y tengo que estudiar. Me faltan ganas.
  • Y por último me acordé que en cuatro años supuestamente se termina el mundo. Probablemente va a ser gracias a la política. A lo mejor por eso están de mal humor los vendedores. Mi profe se va a seguir colgando los cuatro años consecutivos. Y yo voy a dejar yoga, no voy a empezar el gimnasio y voy a seguir evitando los lugares responsables.
A todo eso quiero agregar que empezó con todo la nueva temporada de True blood, es excelente mi vampiresca serie, ya quiero que sea lunes.


jueves 11 de junio de 2009

Incertidumbres

¿Les ha pasado alguna vez que no saben en qué semana viven, qué día es, qué tienen que hacer y cuáles son las próximas fechas claves?
¿Les ha pasado que se olvidan de todo -léase: cumpleaños, aniversarios, parciales, nombres, compromisos- y cuando ya pasó no pueden creer que se hayan olvidado?
¿Se han despertado completamente desorientados, teniendo que recorrer toda la semana para ubicarse, o correr a buscar un calendario, o preguntarle a alguien en dónde están?
¿Les ha pasado que cuando escriben la fecha -casi a mitad de año- ponen el año anterior?
¿Se han encontrado alguna vez diciendo que tienen una edad que no corresponde con la real -no intencionalmente, claro-?
¿Se les han ido los días sin darse cuenta?
Bueno, a mi me está pasando toooooooooodo eso en lo que va del año. Últimamente puedo afirmar que vivo en una nebulosa...
Mis opciones:
1) Soy más despistada de lo que creía
2) Mi cerebro tiene algún problema
3) Se me quemaron todas las conexiones
4) Ya me es urgente que lleguen las vacaciones.
5) Me estoy poniendo vieja y es un síntoma normal
O quizás, simplemente, me estoy volviendo loca. Y es re desesperante porque, sea como sea, siento que no confío más en mi mente, como si todo lo que pensara tuviera una alternativa distinta.
¡Es horroroso!
Lo bueno de este año es que -sorpresivamente- me empecé a acordar de lo que sueño. Y eso es raro, rarísimo. En teoría siempre soñamos. Si nos levantamos y decimos "no soñé nada", mentimos, porque cuando "no soñamos nada" en realidad no recordamos nada. Y de todos los sueños de mi vida, sólo recuerdo 3 o 4 como mucho. Estos últimos meses me acuerdo del 90%. Obviamente no los entiendo; era de esperarse que una personalidad complicada como la mía tuviera sueños complicados como los que he tenido. Pero queda esa linda sensación de haber vivido en otra atmósfera con los párpados cerrados...y eso, no tiene precio.
Quizás tanto sueño hace que me desoriente y de ahí todo el rollo anterior. No lo sé.
¿Les ha pasado que escriben una entrada en su blog y de repente sienten que repitieron lo mismo una y otra vez? He aquí el ejemplo.
Seguramente vivo en un dèja vu.

viernes 5 de junio de 2009

Dos momentos

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Numerosas veces me he sorprendido en un momento muy particular, aún no lo he bautizado aunque estoy segura que muchos podrían llamarlo existencia. Tengo ya 24 –casi- años de vida, de los cuales recuerdo menos de la mitad, y la mitad de esa mitad son cosas que quisiera no recordar; es triste, pero también es real: sólo imprimimos con pata de elefante en nuestra mente aquello que duele, traumatiza, avergüenza o humilla a nuestras almas, por el simple hecho de que no queremos volver a pasar por lo mismo. También hay impresiones más lindas, como las del amor, pero este suele ser tan efímero que sólo evocamos lo más intenso, lo demás sólo nos queda como un dejo de felicidad que continuamos explorando por todos los rincones del mundo –con la decepción habitual de que la felicidad nunca es la misma-. Como sea que funcione nuestra psicología, esa “existencia” que mencionaba antes es cada vez más frecuente, ya casi se puede decir que convivimos como si fuéramos amantes. Ocurre más o menos así: en alguna de mis tantas trivialidades del día, me apago, me voy…a otro planeta, a otra dimensión, hacia algún futuro lejano o cercano, no lo sé, pero todo a mi alrededor es un off instantáneo; no escucho, no veo, no hablo, y a veces hasta me da la impresión de que dejo de respirar. Y cuando vuelvo a mí, siento como si todo el universo, todos los tiempos y culturas me habitaran el cuerpo. Es lo más extraño, y también me deja con un sentimiento terrorífico, pues me doy cuenta que soy una hormiga entre medio de una manada de elefantes, esos de la memoria, sólo que se trata de una memoria colectiva de dimensiones extrahumanas. Hasta pestañear me hace tener algún deseo de muerte. Entonces, ante la desesperación y como total medida represiva contra esos deseos, lloro, como si llorar fuera un acto nuevo, como si de alguna forma las lágrimas se llevaran el universo, la incertidumbre, el dolor, todas esas historias –reales o imaginarias- que hicieron de mí su morada cotidiana. ¿Qué puedo decir? supongo que aún hay partes de mi ser que insisten en crecer, todo esto es parte del sacrificio irreparable de convertirse en un adulto insoportable e inmutable. Aún lucho, porque aún hay fuerzas para hacerlo, por muchas veces que me pregunte ¿Para qué vivo? ¿Por qué todos seguimos hacia delante como zombies? ¿Para qué el futuro si sólo genera más pasado? ¿Por qué la vida?, sobre todo por qué la vida, si finalmente nadie recuerda el momento después de que llegó al destino universal.
Muy a pesar de todo esto, hay otro momento, más escaso, mucho más particular, que quizás es lo que responde todo lo anterior, es un flash escaso, sediento, sagaz, yo gusto en llamarle paraíso. Es cuando sé con total certeza, por un segundo, quién soy, a dónde voy y qué me significa…ya no cargo el universo, soy el universo. Y le clavo las uñas a ese pequeño rayo de sol porque sé que no va a durar, que pronto voy a tener las mismas dudas de siempre. Cuando se termina, emprendo nuevamente la búsqueda de algo exactamente igual, sin saber que la síntesis de todos esos instantes de certeza es siempre la muerte y cada paso que se da hacia ella.

miércoles 27 de mayo de 2009

"Life and dreams are leaves of the same book,
reading them in order is living,
skimming through them is dreaming"
-Arthur Schoepenhauer-



(La vida y los sueños son hojas del mismo libro,
leerlas en orden es vivir,
leer superficialmente a través de ellas es soñar)
No sé si es la traducción literal porque fue arriesgue mío...pero aproximadamente.